
Capítulo II
Me desperté después de haber dormido varias horas en le coche. Miré por la ventanilla, todo era muy verde. Como en el pueblo en que vivía todo era humedad y lluvia, Galicia se parecía bastante a mi casa. Galicia era la costa verdecerte. Seguramente me acostumbraría rápidamente.
Seguía teniendo dudas de los que ocurría y por que nos teníamos que marchar de Cantabria, así que e decidí a preguntarle a mi madre:
-Mamá, ¿por qué nos tenemos que marchar?
Ella suspiró
-Lo siento Cat, no lo debes saber. No quiero ponerte en peligro.
-Tengo diecisiete años ya, ¿qué no debo saber eh ?¿Qué tengo que esperar a tener cuarenta años para que me lo cuentes?¿Y dónde está papá? Y ahora no me vengas con que no me quieres poner en peligro ni que no lo debo saber. Me siento como si no pudiera confiar en mí como si fuera una niña pequeña. Y eso es muy frustrante...
-Tú padre vendrá luego, está investigando algunas cosas. Puede que te resulte frustrante Caterina, te entiendo, pero aun no es el momento. Te prometo que cuando todo esto se arregle te contaré todo. Por cierto nos va a venir a visitar un amigo de la familia. Su nombre es Angelo. Seguro que te cae bien.
-Vale, pero espero que eso sea cierto.
Ya sabía yo que no me iba a contar nada más hasta dentro de un tiempo. Me acurruqué en una esquina e intenté dormir como Ismael pero no lo conseguí. Tendría que aguantar el resto del trayecto despierta y con todas mis preocupaciones en la cabeza.
Miré el reloj del coche ya había pasado una hora .Por fin habíamos llegado. El pueblo al que llegamos era muy bonito. No había ningún edificio todo eran casas de campo. Mi madre me dijo que tenía pensado que nos alojáramos en un hotel cercano, sus vistas daban al mar. El pueblo se llamaba Combarro.
Mi madre aparcó el coche al lado de un monte verde y frondoso. Bajamos del coche y disfrutamos del olor a aire limpió que se respira allí. Me llamaron la atención unos matorrales con pinchos que había detrás de mí. Algo se movió en la plantas. Pensé que sería un jabalí, pero de allí salió un chico con una espada. Parecía dispuesto a atacarnos .Agarré a Ismael instintivamente para defenderlo. Tuve miedo, pero no por mucho tiempo. Mi madre como si fuera lo más normal del mundo abrió el maletero y … ¡magia! Sacó como si fuera lo más normal una espada blanca y resplandeciente. De un golpe espada derribó al chico. Luego lo agarró por le cuello y le preguntó:
-¿Qué demonio te envía?
-No lo sabrás jamás. Estáis todos condenados.
Mi madre nos miró y dijo:
-Marcharos
No tenía muchas ganas de enfadarla así que me marché con Ismael sin rechistar. Después oí un grito, luego, nada más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario